Cristo de San DamiánCristoDeSanDamian

Es una tabla Bizantina del Siglo XII, icono de Cristo glorioso y repleto de luz. Su cuerpo irradia claridad y viene a iluminarnos. En el verano del año 1205, esta imagen de Cristo Crucificado le habló a San Francisco al inicio de su conversión diciéndole: “ Francisco repara mi iglesia” (cfr. 2C 10). Desde aquel instante se grabó en el alma de

Francisco la compasión del Crucificado (2Cel 10). Desde entonces lloró y gimió la pasión de Cristo, que tenía siempre delante de sus ojos” (2Celano 11).

En nuestra espiritualidad seguimos a Cristo pobre y humilde, anonadado en la Encarnación y en la Crucifixión; esta realidad nos lleva a descubrir a Cristo en el hermano indigente y desvalido (cfr.CC 2).

Nuestro Padre Fundador Fray José del Refugio Morales tenía como ideal de vida el de llegar a ser imagen perfecta de Jesucristo, por eso decía a las primeras hermanas “Has de ser alma sedienta de perfección, imagen perfecta de Jesucristo, si quieres ceñirte la corona imperial de la gloria”(PNPF III, 21)

                 Cordón Franciscano

Representa la vivencia de los votos de castidad, pobreza y obediencia,también la alegría de pertenecer totalmente al Señor Dios, de vivir la consagración a Él y de servir a su pueblo. El cordón franciscano esen definitiva un símbolo de la pobreza evangélica y del seguimiento a Jesús sin condiciones.

Nuestro Fundador soñó para el naciente instituto una entrega y consagración profunda, por eso nos dice: “Os diré lo que el apóstol San Pablo a los Filipenses: Gozo mío y corona mía, estad firmes en el Señor, carísimas, vuestra docilidad, vuestra fidelidad y vuestra constancia a Dios me llena de gozo y me causa una santa envidia; permaneced firmes en este deseo, arded cuanto queráis en Él y participadme de ese fuego sagrado, para que abrasado en él en nuestra muerte, merezcamos la corona inmarcesible de la gloria”(PNPF VI, 44) .

“¡Alégrate tú, hija mía… La bendición que recibiste el día de tus desposorios con Jesús durará si eres fiel por toda la eternidad” (PNPF VI, 7)

                  Azucena

En la mística cristiana sabemos que la azucena simboliza la humildad y la pureza de la Santísima Virgen María, la obediencia y castidad de San José, y la alegría de la resurrección. Nuestro Padre Fundador Fray José del Refugio Morales Córdova OFM, en las pláticas les dice alegóricamente a sus hijas espirituales: “bien podemos llamar al Instituto un Jardín de cándidas azucenas” el alcázar del Gran Rey de la Gloria, un paraíso anticipado, en donde se preparan para cultivar la viña del Señor destrozada por los animales del desierto (cfr PNPFVIII,24),

Seguramente nuestro fundador vio en las primeras hermanas un espíritu continuo de conversión y apertura a la gracia que resaltaba la pureza y tenacidad en la vida espiritual.

               Viña del Señor

Nuestra Congregación fue inspirada por el Espíritu Santo como respuesta a las necesidades del pueblo de Dios, con la finalidad de conservar, sostener y difundir los grandes valores de la Vida Consagrada. Las primeras hermanas se dedicaron a restaurar la viña del Señor, destrozada por la persecusión religiosa, sirviendo a los enfermos en los hospitales y en la educación de las niñas pobres (PNPF III, 21; CC 9. 11).

En la actualidad mantenemos vivo el carisma fundacional siendo en la Iglesia miembros constructivos mediante la entrega total a Cristo pobre y humilde para restaurar la Viña del Señor, en la oración, sacrificio y acción apostólica (CC 12).

                Fondo azúl y guinda

El azul representa nuestra espiritualidad mariana, la protección maternal de la Inmaculada Concepción, Reina de la Orden Seráfica (CC 9; 15). Evoca el primer nombre que nuestro Padre Fundador le dio a la Congregación: “Hijas del Corazón de María”.

Nuestro Padre Fray José del Refugio Morales Córdova OFM, decía a las primeras hermanas: “Bendeciremos el día en que nos agregamos al instituto de Hijas del corazón de María, en cuyo maternal seno depositamos hoy nuestros años, nuestros días y toda nuestra vida, para que siendo ella la depositaria de este don de Dios sea Él mismo nuestra recompensa” (PNPF VIII, 31).

El Guinda simboliza la espiritualidad, la fe y la convicción en el porvenir de nuestra congregación.

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